Los mercados arrancan la semana con Irán en el centro: foco en Ormuz y en la duración del conflicto
Los inversores comienzan la semana con la tensión geopolítica muy presente tras todo lo ocurrido este fin de semana entre Irán, EEUU e Israel. A los expertos les preocupa que, esta vez, el riesgo geopolítico sea más difícil de digerir para los mercados. Kathleen Brooks, directora de análisis en XTB, subraya que la situación ha seguido escalando a lo largo del domingo y recuerda que, tras la muerte del ayatolá Ali Jamenei a manos de Israel y EEUU, Irán está ahora en una encrucijada a la espera de que se elija al nuevo líder, con un consejo temporal al frente hasta que se nombre al sucesor.

En ese contexto, Brooks avisa de que este conflicto podría estar en sus primeras etapas y de que puede que no se resuelva tan rápido como algunos esperaban la semana pasada. Así, los mercados empiezan la semana recogiendo una prima de riesgo geopolítico elevada, con especial atención a si persisten las alteraciones del tráfico energético y cómo evoluciona la represalia iraní.
A esta visión se suma Emma Wall, estratega jefe de inversión de Hargreaves Lansdown, que advierte de que los acontecimientos del fin de semana "han añadido incertidumbre y volatilidad a un mercado ya inestable". Señala que las bolsas globales, golpeadas en los últimos meses por los temores en torno a la IA y la incertidumbre arancelaria, están ahora asimilando la probabilidad de precios del petróleo significativamente más altos, problemas en las cadenas de suministro y un posible repunte de la inflación.
Wall destaca que los inversores han reaccionado girando hacia un posicionamiento risk-off, comprando activos considerados refugio como el oro, el dólar estadounidense y el franco suizo. Indica que el petróleo ha llegado a subir hasta un 13% en la negociación asiática y que el Brent abrió la semana en 82 dólares, 10 dólares por encima del cierre del viernes. Aunque Irán representa en torno al 5% de la oferta mundial, recuerda que Emiratos Árabes Unidos —quinto mayor exportador global— también se ha visto afectado, y que el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo y gas mundial, ha sufrido interrupciones tras los ataques y la paralización de petroleros.
La estratega ve paralelismos con la revolución iraní de 1979, que desembocó en una crisis del petróleo y un repunte de la inflación global, y advierte del riesgo de estanflación si el conflicto se prolonga. No obstante, subraya que el impacto dependerá de factores como las reservas acumuladas —China cuenta con importantes inventarios—, la dependencia energética de cada región y la capacidad de utilizar rutas alternativas como los oleoductos del Mar Rojo.
La reacción más sensata para los inversores es no hacer nada precipitadamente
En cuanto a los mercados, apunta que el dólar repunta, reforzando su papel como activo refugio pese a las dudas recientes sobre su hegemonía, y que los bonos soberanos de máxima calidad, como los estadounidenses y británicos, deberían beneficiarse de entradas de capital, con caídas de las rentabilidades. El oro, que ha superado los 5.400 dólares, consolida su papel como cobertura frente a la incertidumbre y la inflación.
Con todo, Wall lanza un mensaje de prudencia a los inversores: considera que, para la mayoría, la reacción más sensata es no hacer nada precipitadamente, mantener carteras diversificadas y adoptar un enfoque táctico y de largo plazo. Cree que la renta fija, los mercados emergentes y las compañías de calidad con flujos de caja estables y bajo endeudamiento pueden ofrecer oportunidades en un entorno de elevada volatilidad.
EL ESTRECHO DE ORMUZ, LA CLAVE DEL ESCENARIO
La gran variable, para la mayoría de casas, es el Estrecho de Ormuz. Holger Schmieding, director de economía de Berenberg, lo plantea de forma directa: "La pregunta clave para la economía global es obvia: ¿se cerrará de forma efectiva el Estrecho de Ormuz para las exportaciones de petróleo y gas durante más de unas pocas semanas? Si es así, dañaría el crecimiento global y elevaría la inflación global de forma notable". Como ejemplo, añade que "un aumento sostenido del precio del petróleo de 15 dólares por barril podría elevar el nivel de los precios al consumidor de la eurozona en casi un 0,5% y recortar el aumento de la renta disponible en consecuencia".
La pregunta clave es obvia: ¿se cerrará el Estrecho de Ormuz durante más de unas pocas semanas?
Brooks cree que el foco hoy será el crudo —se dispara ahora un 9%—, pero apunta a dos elementos que, en su escenario central, podrían limitar el avance inicial: por un lado, el anuncio de la OPEP+ del domingo de elevar la producción en 206.000 barriles diarios desde el próximo mes; por otro, que el ministro de Exteriores de Irán ha confirmado que Irán no tiene planes de cerrar el Estrecho de Ormuz. Con esos supuestos, considera que el repunte podría quedar inicialmente limitado en torno a los 80 dólares por barril en el Brent y que, por ahora, es poco probable que el episodio active petróleo a 100 dólares. Aun así, advierte de que la situación es muy fluida y que un cambio de postura sobre Ormuz o nuevos ataques a petroleros podrían disparar el precio.
Desde Danske Bank también sitúan Ormuz como el punto más sensible: recuerdan que es un cuello de botella crítico para aproximadamente el 20% de los flujos globales de petróleo y GNL y que las principales navieras han detenido los tránsitos tras advertencias y ataques contra buques. Aunque la OPEP+ ha anunciado el aumento de 206.000 barriles diarios desde abril, añaden que, en un escenario extremo de cierre completo durante semanas, el apoyo al mercado sería insuficiente. Con todo, afirman que, aunque la probabilidad de una acción extrema por parte de Irán es innegablemente más alta de lo que ha sido nunca porque el régimen está luchando por sobrevivir, es poco probable que Irán pueda interrumpir los flujos tanto tiempo como para provocar una crisis energética global.
"Un aumento del petróleo de 15 dólares por barril podría elevar el nivel de los precios al consumidor de la eurozona en casi un 0,5%"
Julius Baer, por su parte, describe el fin de semana como un salto de la tensión a un shock regional, pero con niebla de guerra. El analista del banco suizo Christian Gattiker señala que el alcance de las operaciones sugiere que el resultado más benigno no es el más probable y plantea si el patrón típico de crisis (acumulación–pico–alivio–desvanecimiento) se repetirá o si el mundo se enfrenta a algo más grande y duradero. Al mismo tiempo, apunta que el compromiso de la administración estadounidense de evitar guerras a largo plazo en lugares remotos, y el contexto político, juega en contra de una campaña prolongada, sin descartar nuevas escaladas y disrupciones persistentes del comercio energético.
En materias primas, Norbert Rücker, estratega también de Julius Baer, resume que el petróleo actúa como termómetro de fiebre de la geopolítica y que las implicaciones dependen del flujo por Ormuz. En su escenario base, esperan el patrón habitual de un repunte de precios de petróleo y gas de corta duración pero más intenso, con el comercio desde el Golfo lastrado durante días o semanas, sin que eso implique necesariamente una amenaza directa a los suministros. También subraya que el escenario más temido no es tanto el cierre del estrecho como daños graves a infraestructuras clave.
En metales preciosos, Carsten Menke, de Julius Baer, describe una reacción muy típica de oro y plata al estallido de un episodio geopolítico, pero cree que la moderación de los países indirectamente implicados y el riesgo limitado de una crisis del petróleo deberían limitar el potencial alcista, manteniendo su visión constructiva para el oro y neutral para la plata.
BOLSAS, DIVISAS Y BONOS: MÁS VOLATILIDAD Y SESGO DEFENSIVO
En renta variable, Mathieu Racheter, de Julius Baer, afirma que la escalada ha inyectado una prima de riesgo geopolítico considerable en los mercados, principalmente a través del canal del petróleo. Aunque recuerda que históricamente este tipo de shocks han sido a menudo de corta duración para las bolsas, avisa de que los niveles elevados de los índices aumentan la vulnerabilidad a corto plazo y recomienda disciplina y sesgo hacia calidad defensiva.
La probabilidad de una acción extrema por parte de Irán es más alta de lo que ha sido nunca porque el régimen lucha por sobrevivir
Brooks habla de caídas bursátiles y repunte del índice VIX de volatilidad a medida que el mercado duda sobre la posibilidad de que la crisis se resuelva en pocos días. Dentro de Europa, sostiene que el mejor comportamiento relativo podría continuar frente a EEUU por composición sectorial (mineras y materiales, defensa y utilities), mientras que el sector tecnológico estadounidense se enfrentaría a la combinación de mayores preocupaciones sobre el gasto en IA en un entorno de riesgo geopolítico elevado. También señala que aerolíneas y hoteleras están corrigiendo con fuerza ante los vuelos que se quedan en tierra y los cierres de espacio aéreo, además del posible efecto de un repunte del crudo sobre costes.
En divisas, Brooks subraya que, en un entorno profundamente incierto, el dólar es el rey, y argumenta que no hay otra divisa tan profunda y líquida, además de recordar el papel de EEUU como gran productor y exportador neto de petróleo, lo que lo convertiría en una cobertura ante un shock energético.
En renta fija, Dario Messi, estratega de Julius Baer, señala que el foco está en los Treasuries como prueba de su condición de refugio. Aunque el shock del petróleo eleva el riesgo de inflación, destaca que, este año, las tires han mostrado menor sensibilidad a subidas del crudo, especialmente cuando el movimiento está impulsado por disrupciones de oferta y no por demanda, lo que podría permitir que dominen los flujos hacia refugio en el corto plazo. En ese marco, mantiene su preferencia por exposición intermedia (5–10 años) con riesgo de crédito limitado, y en crédito corporativo, por vencimientos cortos.




