Así afecta la escalada del petróleo a la inflación y a las próximas bajadas de la Fed
El repunte del petróleo tras la escalada en Oriente Medio no es solo una cuestión geopolítica ni sectorial: es, sobre todo, una cuestión económica y un potencial problema para la Reserva Federal (Fed). El encarecimiento del crudo introduce un nuevo factor de presión inflacionista en un momento en el que se esperan hasta tres recortes de tipos por parte del banco central estadounidense este año.

Desde ING advierten de que el mercado ya ha empezado a ajustar expectativas. Los futuros sobre los Fed Funds han retrocedido varios ticks ante la posibilidad de que la Fed no pueda acometer dos bajadas este año. El shock petrolero llega justo después de que el FOMC de enero señalara su creciente impaciencia con la inflación. El mensaje fue claro: si los precios no muestran señales claras de moderación, la estabilización del mercado laboral no justifica necesariamente un recorte.
En este contexto, el petróleo actúa como una variable exógena que puede retrasar el calendario de flexibilización. Si el Brent se mantiene elevado durante semanas —como ocurrió en marzo de 2022, cuando superó los 100 dólares durante tres meses— el impacto no es solo sobre el IPC directo, sino sobre expectativas de inflación y costes empresariales. El subíndice de precios pagados del ISM manufacturero de hoy será especialmente vigilado: una combinación de actividad débil y precios al alza sería el peor escenario posible para la Fed.
La cuestión clave es que la energía pesa entre un 8% y un 10% en las cestas de inflación, pero en episodios de shock puede explicar hasta un tercio del repunte general, con efectos indirectos vía transporte, logística y producción industrial. En otras palabras, el petróleo no solo encarece la gasolina; contamina el resto de la cadena de precios.
Además, el movimiento del crudo tiene implicaciones financieras inmediatas. ING señala que el mercado de divisas y de bonos seguirá de cerca el tramo corto de la curva estadounidense. Si el shock energético limita el margen de la Fed para recortar tipos, podríamos ver un aplanamiento bajista de la curva —subidas en el corto plazo—, un entorno típicamente favorable para el dólar y menos constructivo para activos de riesgo.
Aquí entra en juego un segundo elemento: la independencia de la Fed. La semana pasada, varios miembros del banco central insistieron en el mensaje de "paciencia, paciencia y más paciencia". Susan Collins, Thomas Barkin, Jeff Schmid y Alberto Musalem coincidieron en la necesidad de ver más desinflación antes de mover ficha. Raphael Bostic añadió un matiz institucional al recordar la importancia de preservar la independencia del organismo. Si el mercado percibe que esa independencia se erosiona, los inversores exigirán una mayor prima de riesgo en la deuda, lo que puede tensionar aún más las tires.
De momento, la herramienta FedWatch de CMC otorga un 95,4% de probabilidad a que los tipos se mantengan sin cambios en la próxima reunión del 18 de marzo. El mercado ya descuenta una pausa, pero la pregunta es si el petróleo obligará a extenderla más allá de lo previsto.
En paralelo, Deutsche Bank considera que el impacto directo del conflicto sobre la renta variable podría ser limitado, dada la escasa exposición comercial de Europa y EEUU a Irán, pero advierte de que los riesgos para el petróleo y para los tipos de interés son mayores. Es decir, el verdadero canal de transmisión no es el comercio bilateral, sino la energía y su efecto sobre la política monetaria.
Si el conflicto se limita a unas semanas, el impacto inflacionista podría ser transitorio y permitir a la Fed retomar el guion de recortes más adelante. Pero si el Estrecho de Ormuz permanece tensionado y el Brent se instala en niveles cercanos o superiores a 90-100 dólares, el escenario cambia: la última milla hacia el 2% se vuelve más empinada y el ciclo de bajadas se retrasa o se reduce en intensidad.




