ECOBOLSA - ¿Recesión a la vista por la guerra de Irán? "Está lejos de ser algo seguro"

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24/03/2026 07:47:59

¿Recesión a la vista por la guerra de Irán? "Está lejos de ser algo seguro"

La guerra entre Estados Unidos, Irán e Israel, lejos de llegar a su término, continúa expandiéndose sin un final a la vista. Como consecuencia, los precios del petróleo siguen bajo presión y, con ello, el mercado bursátil sigue teñido de rojo y ahondando su mal momento. No obstante, el miedo se ha trasladado ahora a los bancos centrales, ya que varios organismos advirtieron la pasada semana que no descartan nuevas subidas de tipos para tratar de contener la escalada de precios derivada de este conflicto. Esto no ha hecho más que echar leña a la hoguera de la estanflación y, con ella, a que muchos se pregunten si la economía global puede entrar en recesión.

¿Recesión a la vista por la guerra de Irán? Está lejos de ser algo seguro

Recientemente, Moodys Analytics advirtió que su modelo económico sitúa la posibilidad de recesión en Estados Unidos en un 49% en los próximos doce meses. De hecho, estos expertos advierten que el aumento de los precios del crudo no hace más que elevar este porcentaje sustancialmente por encima del 50%. No es casualidad, ya que todas las recesiones que ha experimentado EEUU desde la II Guerra Mundial fueron precedidas de un aumento de los precios del petróleo.

"Los precios más altos del petróleo perjudican mucho más a los consumidores estadounidenses y hacen que reduzcan su gasto más rápidamente de lo que convencen a los productores de petróleo de aumentar la inversión y la producción. Estamos lejos de un punto en el que el aumento de la inversión y la contratación compense el impacto en los consumidores", explica Mark Zandi, economista jefe de Moodys Analytics, al medio Euronews.

Según Zandi, el aumento de los costes energéticos debido a la guerra entre Irán, junto con un mercado laboral en declive, podría provocar una "reducción del gasto de los consumidores, lo que a su vez hace que las empresas recorten y despidan trabajadores, desencadenando en última instancia un ciclo negativo autosostenido".

Este experto recuerda que el empleo cayó en febrero y ha estado más o menos estancado durante el último año. "El empleo es la mejor medida de la actividad económica coincidente", apunta Zandi, quien señala también otros indicadores débiles como la caída de los permisos de construcción residencial y la confianza del consumidor.

Asimismo, este economista subraya que la falta de confianza en los datos del mercado laboral estadounidense, "si acaso, sugiere que es aún más débil y que los riesgos de recesión son incluso mayores de lo que muestran los datos actuales”. Con todo, Zandi apunta que, si el mercado laboral "pudiera mantenerse de alguna manera", la inflación "no será suficiente para empujar a la economía estadounidense a una recesión".

De confirmarse, una recesión en EEUU probablemente afectaría a la economía de la Unión Europea (UE), ya que se reduciría la demanda de exportaciones comunitarias, además de endurecer las condiciones financieras y frenar el crecimiento en todo el bloque. Si bien, la resiliencia propia de Europa y sus relaciones comerciales diversificadas podrían limitar el daño, el bloque comunitario no podrá escapar a los efectos del crudo. Según Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), cada aumento del 10% en los precios del petróleo, elevará la inflación mundial en un 0,4% y reducirá la producción económica global hasta en un 0,2%.

Para Oxford Economics, la cifra mágica a vigilar son los 140 dólares en el barril de Brent: si el crudo cotiza dos meses seguidos en ese nivel, sería suficiente para empujar a partes de la economía global a una recesión leve. La inflación global medida por el IPC se dispararía en ese escenario, alcanzando un máximo del 5,8%. En un escenario más realista, con el crudo cotizando dos meses seguidos por encima de los 100 dólares, se recortaría unas décimas el crecimiento del PIB mundial debido a una mayor inflación, pero se podría evitar una recesión.

¿UNA ECONOMÍA RESILIENTE?

Pero no es la primera vez que los mercados se hacen esta pregunta en los últimos años. Seis años después del shock provocado por la pandemia de Covid-19, la economía acumula suficientes experiencias a sus espaldas que dan muestra de su resiliencia: la crisis de los semiconductores, el aumento de la inflación, la guerra de Ucrania, la ofensiva arancelaria de Estados Unidos… Y en ninguno de esos casos se materializó una recesión.

"La expansión posterior a la Covid-19, ya en su sexto año, ha demostrado resistencia, aunque también cierto desgaste. El mayor riesgo no es un solo shock, sino una confluencia de shocks que, en conjunto, superen esa resiliencia. Aunque este conflicto podría generar una combinación de factores adversos que lleven a la economía de EEUU a una recesión, está lejos de ser algo seguro", señala Philipp Carlsson-Zlezak, director gerente de Boston Consulting Group.

Sin embargo, añade, "nadie sabe dónde termina una secuencia de shocks y comienza una confluencia". Cuando la economía ya había absorbido el shock inflacionario y las altas tasas de interés cuando los aranceles volvieron a golpearla, y aun así no hubo recesión. Ahora, cuando parecía que la economía recuperaba estabilidad, ha llegado un nuevo shock. "A medida que se difumina la línea entre una secuencia manejable de shocks y una confluencia insostenible, el riesgo para la economía es evidente", advierte Carlsson-Szlezak.

Para este economista, el impacto de la guerra es muy visible en los titulares y en los precios de la energía, pero su efecto en la economía "es de todo menos claro", pues la guerra "siempre obliga a los analistas a hacer previsiones macroeconómicas poco fiables, sumadas a giros geopolíticos impredecibles".

Además, el manido recurso de recurrir a la historia no suele funcionar, tanto por la heterogeneidad de las situaciones como por el riesgo a realizar malas interpretaciones. Por ejemplo, las crisis petroleras de los 70 causaron tanto daño porque las expectativas de inflación no estaban ancladas, lo que permitió que los precios altos se trasladaran sin freno a las tasas de interés. Esto limitó gravemente la capacidad de la política monetaria y fiscal para responder a la debilidad económica. En cambio, en el presente las expectativas de inflación están firmemente ancladas.

En el caso de la recesión de principios de la década de 1990, la sensibilidad a los precios del petróleo era mucho mayor que ahora, ya que la economía utilizaba el doble de energía por unidad de producción que hoy. "Tras la Operación Tormenta del Desierto, los precios del petróleo volvieron a niveles moderados, eliminando ese obstáculo para la recuperación. El contexto importa", señala este experto.

Por ello, Carlsson-Szlezak cree que lo mejor que se puede hacer en esta situación es "analizar los factores geopolíticos", así como "los canales por los cuales la crisis energética se transmite a la economía real". Y, en este caso, es la duración del conflicto, especialmente del cierre del estrecho de Ormuz, y no el precio lo que realmente importa en esta crisis.

En este sentido, este experto cree que los mercados financieros, aunque están lejos de ser infalibles, pueden ofrecer una buena estimación sobre la duración del conflicto. "Mientras que el precio del petróleo a corto plazo ha subido más de un 40%, el precio para finales de 2026 ha subido de forma más moderada, algo más de un 20%", destaca. Es decir, los operadores consideran que la duración de la guerra está "contenida" y que el shock "es más bien una interrupción temporal" de un régimen de precios más bajos, en lugar de un cambio estructural hacia precios altos.


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