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20/11/2022 06:00:00

"La inversión en energías limpias está en peligro por la inflación y las subidas de tipos"

La transición energética está en marcha. La Ley de Reducción de la Inflación de EEUU o la legislación RePower de la Unión Europea ponen de manifiesto la importancia de la descarbonización. Sin embargo, las altas tasas de inflación y el endurecimiento monetario llevado a cabo por los distintos bancos centrales han frenado las inversiones en energías limpias, poniendo en peligro la evolución hacia el cero neto.


Durante 2021, las perspectivas eran muy prometedoras y el gasto para la transición energética aumentó hasta los 800.000 millones de dólares, un 33% más que en 2020. El crecimiento fue impulsado por China, que duplicó su inversión, seguido de Europa. Pero el estallido de la guerra de Ucrania lo cambió todo.

"La geopolítica de la energía ha irrumpido en la escena. A corto plazo, el colapso de las exportaciones de gas ruso y los precios récord han obligado a las empresas de utilities a recurrir en mayor medida a la generación de energía con carbón, lo que ha provocado un aumento de las emisiones del sector eléctrico este año", indican desde Bank of America (BofA).

La crisis energética a la que se enfrenta Europa ha puesto de manifiesto los desafíos de la eliminación gradual de los combustibles fósiles, ya que la región aún no puede contar plenamente con las energías renovables para satisfacer sus necesidades energéticas. Los altos precios del gas han obligado a las empresas de servicios públicos europeas a confiar en mayor medida en la generación de energía a base de carbón, lo que probablemente contribuya a un aumento significativo de las emisiones del sector eléctrico este año.

En el caso de China, la generación de energía térmica ha alcanzado máximos históricos en los últimos meses y a pesar de las enormes inversiones en renovables realizadas por el gigante asiático, la dependencia del carbón del mayor emisor de CO2 del mundo ha quedado reflejada con el aumento de la producción nacional de este combustible fósil.

La situación de Estados Unidos es totalmente contraria. El aumento de la producción de gas natural a nivel nacional ha sido uno de los principales impulsores de los cambios en la combinación de electricidad, junto con la expansión del sector de las renovables. La participación del gas en la generación de energía del país ha pasado del 16% al 38% entre 2000 y 2021, a expensas del carbón, que ha disminuido del 52% al 22% durante el mismo período. Asimismo, la energía eólica y solar también han ido ganando terreno en la última década y actualmente representan el 12% de la generación de energía.

Desde BofA creen que este crecimiento de la demanda energética muestra que el mundo está preparado para otro aumento significativo de las emisiones de carbono en 2022. "Con un uso de la energía térmica que aumentará aún más en 2023, las emisiones de CO2 probablemente mantendrán al planeta en una senda de calentamiento insostenible a corto plazo".

LAS INVERSIONES LIMPIAS EN RIESGO

En cambio, a medio plazo, "una combinación de precios muy altos y volátiles de los combustibles térmicos, junto con nuevos riesgos de seguridad energética, podría acelerar las inversiones en energías renovables", destacan los analistas de BofA

Un hecho que, de momento, se está viendo frenado a medida que los bancos centrales aumentan los tipos de interés en su lucha contra la alta inflación y se ajustan los presupuestos.

"Los costes estimados de 5 billones de dólares al año para alcanzar los objetivos de emisiones netas cero para 2050 han aumentado en los últimos 12 meses en medio de una inflación global rugiente y las tasas de interés más altas. Dado que algunos mercados desarrollados luchan por equilibrar sus presupuestos gubernamentales, los problemas fiscales podrían sumarse a una política monetaria más estricta a medida que aumentan los costes de financiamiento, lo que ralentiza las inversiones ecológicas que tanto se requieren", valoran desde la entidad estadounidense.

Igualmente, los analistas de BofA aseveran que es poco probable que los balances de los bancos centrales sean una gran fuente de demanda de bonos verdes hasta que la inflación disminuya, lo que sugiere que el sector privado tendrá que desempeñar un papel cada vez mayor en la descarbonización para cumplir con los objetivos de 2050.

En cambio, los expertos apuestan porque a más largo plazo "la carrera hacia cero neto probablemente se acelerará debido a los altos precios de los combustibles fósiles, la compresión de las primas ecológicas y los riesgos de seguridad nacional".

El avance de la innovación y los crecientes costes de los combustibles darán lugar a que muchas tecnologías de energía limpia se conviertan en la opción más económica en muchos mercados.

Sin embargo, para alcanzar la transición energética "necesitamos ver caer los costes de muchas más tecnologías limpias, como bombas de calor, biocombustibles, captura de carbono, nuevas tecnologías nucleares (más pequeñas) e incluso alimentarias. Ha comenzado la carrera para avanzar en la innovación y alcanzar las economías de escala necesarias para lograr el cero neto", concluyen desde BofA.