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10/11/2019 06:00:00

Puigdemont busca camuflar su fracaso el 10N para retener la Generalitat

El enésimo intento de Junts per Catalunya (JxCat) de dar una imagen de unidad del independentismo ha vuelto a estrellarse contra el muro de la sonora negativa de Esquerra Republicana (ERC) y de la CUP. La negativa al desesperado movimiento del expresident de la Generalitat, Carles Puigdemont, de sumar fuerzas en el Congreso es una nueva muestra de que en el separatismo catalán cada partido barre para casa. Además, denota la extrema debilidad de los postconvergentes que se ven sin grupo propio tras el 10N y teniendo que gestionar una nueva derrota que redobla los interrogantes sobre el frágil Govern de la Generalitat de la mano de los republicanos.


Las encuestas pintan un panorama desolador para JxCat, que podría perder un diputado de los siete que tiene actualmente, lo que les deja de nuevo sin bancada propia en el hemiciclo. La demoscopia sigue favoreciendo a ERC que, de cumplir con los pronósticos, revalidará sus 15 diputados, y la CUP tendrá representación, al menos, de dos escaños. El mayor problema para la candidatura que Puigdemont dirige desde Bélgica es que se verá nuevamente revolcada por el fango, lo que denota la fragilidad interna de JxCat que varias fuentes ubican a un paso de su disolución. La razón hay que buscarla en que las reacciones, tanto en la calle como políticas, a la condena de los líderes del 1-O reventaron sus costuras internas hace escasamente dos semanas.

El PDeCat y la Crida, las dos principales corrientes bajo el paraguas de este espacio político, "son ahora mismo como agua y aceite", explican fuentes próximas. La crisis desatada entre estas dos facciones por las cargas policiales durante las recientes protestas por la sentencia del procés ha puesto de manifiesto la divergencia de posicionamientos entre sus líderes y ha sido el enésimo desafío de los liberal demócratas al liderazgo de Puigdemont. Desde el partido de los herederos de Artur Mas, su presidente, David Bonvehí, dio órdenes claras: defender la gestión del conseller de Interior, Miquel Buch -que milita en sus filas-, cuya cabeza pedían desde la Crida, donde, además de Puigdemont se circunscribe el president de la Generalitat, Quim Torra.

Las tensiones entre las dos alas del independentismo de centro-derecha se vienen arrastrando casi desde el primer día de la fundación de la Crida Nacional per la República y los neoconvergentes no esconden su hondo descontento con Torra, con sus decisiones y con su papel de presidente vicario. Pero es contra el exlíder huido de la justicia contra quien la animadversión es mayor. Durante los meses de negociaciones para la investidura fallida del presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, Bonvehí, Mas y varios de los políticos condenados por el Tribunal Supremo presionaron para forzar la abstención de JxCat, pero Puigdemont acabó silenciando el ala posibilita, que hoy día sigue prefiriendo dejar de lado la confrontación para hallar una salida al conflicto catalán.

Si la casa postconvergente es una olla de grillos, las relaciones entre JxCat y ERC se mantienen sólo de cara a la galería. "Era más que previsible que la resolución judicial hiciera saltar por los aires el frágil status quo", explican a este medio politólogos consultados. "La condena supuso el fin de un proceso y da paso a una reconfiguración del tablero político catalán, en el que hay un ganador: ERC y un damnificado: JxCat", argumentan. En este contexto, ven lógica la maniobra de Puigdemont, que también puso sobre la mesa su cabeza de lista al Congreso, Laura Borràs.

El expresident, junto a los exconsellers Toni Comín y Clara Ponsatí han pedido durante la campaña a ERC y la CUP que, al margen de los resultados que logre cada partido en las elecciones generales del 10 de noviembre, consideren la oportunidad de impulsar un solo grupo en el Congreso bajo el nombre Grupo Parlamentario de la República Catalana. En una declaración acordada por los tres, recalcaron que este grupo permitiría visualizar "la lucha por el reconocimiento y explicación de la república" al augurar que los partidos independentistas que se presentan a los comicios pueden tener un resultado favorable y situar el número de diputados del soberanismo cerca del 50% y por encima. La respuesta que obtuvieron fue no, gracias.

Los expertos consultados ponen el acento en la argucia de tratar de virar el foco del debate de sus malos resultados a la negativa de los otros dos partidos de vertebrar la unidad del independentismo que reclaman entidades y asociaciones. Su objetivo es enviar el mensaje de que ellos siguen liderando el movimiento y demostrar que son significativos para, de rebote, retener la Generalitat.

En la esfera política catalana se da por hecho que en cuanto haya gobierno en La Moncloa se celebrarán elecciones autonómicas. ERC lleva tiempo planteando esta salida como la única solución largo tiempo y los partidos están reconfigurándose y buscando nuevas alianzas de cara a unos comicios que se celebrarán, con toda probabilidad, en primavera. Sin embargo, fuentes parlamentarias aseguran que los republicanos no romperán la coalición con JxCat. Visto lo visto dejarán que sea este espacio el que se descomponga y a Torra no le quede más remedio que llamar a las urnas.