SpaceX acelera su salto a bolsa tras integrar xAI: ¿movimiento lógico o riesgo añadido?
El anuncio de Elon Musk de integrar xAI en SpaceX ha vuelto a situar a la compañía aeroespacial en el centro de atención de los inversores, al interpretarse como un paso clave de cara a su futura salida a bolsa, que algunas informaciones sitúan para el próximo mes de junio.

La empresa combinada alcanzaría una valoración implícita cercana a los 1,25 billones de dólares —resultado de valorar SpaceX en torno a 1 billón y xAI en unos 250.000 millones, según Bankinter—. Sin embargo, algunas estimaciones de mercado elevan su potencial hasta los 1,5 billones en caso de debutar en bolsa, lo que la situaría entre las mayores salidas a bolsa de la historia, en función del capital que finalmente decida colocar (se calcula en 30.000 millones de dólares).
Kathleen Brooks, directora de análisis de XTB, señala que la creación de este gigante tecnológico "ha impulsado el sentimiento del mercado", en un contexto en el que el apetito por el riesgo vuelve a mejorar dentro del sector tecnológico.
El movimiento se produce en un momento en el que los expertos vigilan con atención las grandes salidas a bolsa vinculadas a la inteligencia artificial (IA) —como la de la propia SpaceX, OpenAI o Anthropic— ante el riesgo de que lleguen al mercado con valoraciones difíciles de sostener si no cumplen las expectativas de crecimiento.
UN PASO PREVIO A LA OPV
Los analistas de Bankinter consideran que la integración es "el paso previo a la prevista salida a bolsa de SpaceX este mismo año". El objetivo estratégico es potenciar la computación de inteligencia artificial en el espacio mediante centros de datos orbitales capaces de cubrir la creciente demanda de procesamiento.
Según la entidad, la valoración de xAI resulta "más razonable que otras compañías del sector", y el proyecto parte de la idea de que el espacio podría convertirse en la forma más eficiente y económica de entrenar modelos de IA en un plazo de dos o tres años.
Además, SpaceX ha solicitado autorización para lanzar hasta un millón de satélites destinados a esta tecnología, ampliando una infraestructura que ya supera los 9.000 satélites Starlink.
ENTUSIASMO… Y DUDAS
Para AJ Bell, la operación confirma que los rumores sobre la consolidación del imperio empresarial de Musk eran fundados. No obstante, advierten de que algunos inversores podrían considerar que la compra de xAI afecta al atractivo de SpaceX, ya que "el verdadero generador de ingresos es el negocio de internet satelital Starlink, más que la división de cohetes espaciales, mucho más visible".
La firma añade que la incorporación de xAI podría diluir la exposición a ese negocio clave y aumentar el riesgo reputacional y regulatorio, en un contexto marcado por polémicas recientes en torno al uso de Grok (el chatbot de inteligencia artificial de xAI) para crear imágenes inapropiadas.
Aun así, AJ Bell señala que algunos inversores podrían respaldar la gran visión de Musk de centros de datos en el espacio, lo que podría aumentar el apetito del mercado ante lo que podría convertirse en la mayor OPV de la historia.
UNA APUESTA A LARGO PLAZO
Emma Wall, estratega jefe de Hargreaves Lansdown, considera que la integración tiene sentido desde el punto de vista tecnológico, al generar sinergias entre inteligencia artificial, automatización, comunicaciones y exploración espacial.
La clave, sin embargo, será la valoración de SpaceX. Elon Musk pedirá al mercado que asigne un precio a una compañía cuya tesis de inversión descansa en gran medida sobre una visión de largo plazo —que abarca desde la expansión de la economía espacial hasta el desarrollo de infraestructuras de inteligencia artificial fuera de la Tierra—, un planteamiento poco habitual en bolsa, donde los inversores suelen exigir visibilidad sobre resultados en horizontes de tres a cinco años.
Este desfase temporal podría convertirse en uno de los principales puntos de fricción durante una eventual salida a bolsa: mientras el relato estratégico apunta a transformaciones tecnológicas que podrían materializarse en décadas, el mercado tenderá a centrarse en métricas más inmediatas, como la generación de caja de Starlink, el ritmo de crecimiento de ingresos o las necesidades de capital para sostener esa expansión.
El historial de Musk ejecutando proyectos considerados inicialmente improbables —desde la consolidación del vehículo eléctrico hasta la reutilización de cohetes— juega claramente a su favor y refuerza la narrativa de apuesta estructural por el futuro. Sin embargo, su perfil también introduce un elemento de polarización: para algunos inversores es un factor diferencial capaz de atraer capital hacia proyectos disruptivos, mientras que para otros añade incertidumbre en términos de gobernanza, regulación y volatilidad, variables que podrían influir de forma decisiva en la prima que el mercado esté dispuesto a pagar.
QUÉ PREOCUPA SOBRE LAS FUTURAS OPVS
El mercado lleva meses manifestando sus dudas sobre las próximas salidas a bolsa de grandes tecnológicas. La principal preocupación, como se comenta más arriba, gira en torno al impacto que podrían tener en el mercado las salidas a bolsa de grandes compañías tecnológicas aún privadas si debutan con valoraciones difíciles de sostener por fundamentales.
Los expertos de Bankinter advierten de que el mercado podría enfrentarse a "desequilibrios serios" derivados de la llegada de empresas de IA con precios "arriesgados, por no decir difícilmente explicables". Este escenario no implicaría necesariamente una burbuja generalizada, pero sí episodios de volatilidad que exigirían "sangre fría" por parte de los inversores.
La preocupación se centra especialmente en compañías como OpenAI o Anthropic, cuyas valoraciones privadas se han disparado al calor del entusiasmo inversor pese a que sus beneficios siguen siendo reducidos debido al elevado coste de capital que exige el desarrollo de sus modelos. El riesgo es que un debut bursátil con expectativas demasiado ambiciosas provoque correcciones abruptas capaces de contagiar al conjunto del sector tecnológico.
El estratega Neil Wilson habla de una “explosión de actividad de las OPVs en 2026" y subraya que las enormes valoraciones podrían interpretarse como una señal de burbuja o, por el contrario, como reflejo del insaciable apetito por la IA. Muchas de estas empresas llegan al mercado con precios de rondas privadas que asumen crecimientos muy agresivos a varios años vista, lo que eleva la exigencia sobre su futura ejecución.
A ello se suma otro riesgo estructural: la denominada economía circular de la inteligencia artificial. Estas compañías reciben inversiones millonarias de gigantes como Microsoft, Alphabet o Nvidia, que a la vez actúan como proveedores y clientes. Si uno de los eslabones se debilitara —por ejemplo, si las nuevas cotizadas no cumplieran las expectativas de beneficios—, el impacto podría extenderse a toda la cadena tecnológica. En este contexto, SpaceX aparece como otro de los debuts a vigilar.




