ECOBOLSA - ¿Qué factores moverán los mercados de divisas en 2026?

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27/01/2026 14:28:07

¿Qué factores moverán los mercados de divisas en 2026?

Tras un 2025 marcado por el shock arancelario y una corrección simultánea y poco habitual de los activos estadounidenses en el “Día de la Liberación”, el mercado entra en 2026 con un ánimo de optimismo cauteloso. La gran pregunta ya no es si habrá volatilidad, sino qué factores la desencadenarán y, sobre todo, qué narrativas serán lo bastante persistentes como para fijar tendencias. En un entorno donde la política comercial se ha “normalizado”, salvando la reciente escalada relacionada con Groenlandia, y donde los bancos centrales se acercan al final del ciclo de bajadas, el mercado de divisas volverá a comportarse como un termómetro sensible de la marcha de la economía mundial.

¿Qué factores moverán los mercados de divisas en 2026?

El primer factor que podría mover los mercados será la digestión lenta —y a menudo subestimada— del nuevo marco arancelario. Aunque se hayan firmado acuerdos y el tipo arancelario medio se haya reducido respecto a los máximos anunciados el pasado abril por la Administración Trump, lo que parece evidente es que las relaciones comerciales sufren más fricciones que antes. Y es previsible que el impacto se termine apreciando con el paso del tiempo. En este sentido, lo relevante para el mercado de divisas no solo es el nivel efectivo del arancel, sino qué países demostrarán una capacidad de adaptación mayor a este nuevo status quo.

El segundo factor a tener en cuenta por los mercados será el impacto de la inteligencia artificial en la economía mundial. Conviene evitar el error de esperar un salto inmediato de productividad, pero la inversión en tecnologías e infraestructuras necesarias para desarrollar la IA actuará como impulso cíclico, especialmente en países con mayor músculo tecnológico y financiero, como China y Estados Unidos. Muchos mercados emergentes, por lo contrario, no se beneficiarán de este impulso inmediato.

Sin duda, el tercer gran eje a tener en cuenta será el posible endurecimiento de tipos por parte de muchos bancos centrales. En 2026, el foco se desplazará desde cuántos recortes de tipos quedan por llevar a cabo, a cuándo podrían volver a subirse, aunque sea de forma moderada. Con una inflación general más contenida, pero con presiones subyacentes aún presentes —sobre todo en el sector servicios—, cualquier indicio de giro restrictivo podría impulsar a las monedas de estos países. La clave será prever qué bancos centrales pueden permitirse subir los tipos sin entorpecer el crecimiento de sus economías.

En este punto, Estados Unidos volverá a ser el foco de atención por las dudas en torno a la credibilidad institucional de la Reserva Federal. Un relevo en la presidencia de la Fed y la recomposición del FOMC no son solo un asunto de nombres; para el mercado son un test sobre independencia y tolerancia a la inflación. Incluso si el nuevo liderazgo no altera drásticamente la trayectoria de tipos, siendo este nuestro escenario central, la mera percepción de interferencia política introduciría una prima de riesgo sobre los activos estadounidenses. Y en divisas, las primas de riesgo importan tanto como los fundamentos económicos.

El cuarto motor será la dinámica de deuda soberana y los rendimientos a largo plazo. El rápido envejecimiento de la población, la contracción de la población activa y el giro hacia políticas migratorias más restrictivas están generando una mayor demanda de financiación pública. Dada la incapacidad política de muchos gobiernos de llevar a cabo recortes en el gasto público, estos factores podrían desencadenar una mayor emisión de deuda soberana y ejercer una presión alcista sobre los rendimientos de los bonos. Un incremento gradual y ordenado de los mismos resultaría digerible por los mercados. Sin embargo, cualquier movimiento más abrupto y descontrolado haría saltar las alarmas: las valoraciones bursátiles se resentirían, los costes de financiación se encarecerían y el riesgo de recesión se elevaría significativamente.

El quinto elemento será Europa, con Alemania como catalizador. El enorme impulso fiscal orientado a infraestructuras y defensa, aunque de transmisión lenta, apuntalará el crecimiento de la zona euro. Si la zona euro encadena tendencias macro positivas —demanda interna firme, energía más barata, crédito menos restrictivo—, se podrían dar ligeras sorpresas al alza en el crecimiento, reabriendo flujos hacia sus activos e impulsando al euro.

El sexto motor será China, que seguirá tensionada por su fortaleza exportadora y la debilidad de su demanda interna. Si las autoridades priorizan un apoyo más contundente al consumo y estabilizan el sector inmobiliario, el renminbi puede ganar tracción, especialmente si el dólar pierde apoyo por recortes adicionales o por una prima de riesgo asociada a la erosión institucional. Pero si persisten las presiones deflacionarias y el crecimiento depende excesivamente del sector externo, el mercado exigirá una moneda suficientemente competitiva en términos reales. En 2026, por tanto, será crucial estudiar cómo China condiciona el ciclo económico asiático y por qué modelo de crecimiento empieza a decantarse más.

En paralelo, el séptimo factor será el desempeño desigual del Reino Unido, donde la presión fiscal y un mercado laboral que se enfría pueden mantener a la libra en una posición frágil. Si bien se ha reducido la prima de riesgo tras la aprobación del presupuesto de otoño, apenas se pueden identificar elementos favorables al crecimiento en el mismo. Aunque las subidas de impuestos están mayoritariamente diferidas y su impacto en 2026 resultará moderado, las expectativas ya están empeorando, lo cual nos anticipa un consumo débil y un crecimiento lento. Por el lado positivo, la inflación parece que ha tocado techo, lo que debería aliviar la presión sobre los ingresos reales. Con todos los riesgos bajistas que acechan a la economía británica, resulta razonable revisar a la baja los pronósticos para la libra.

Por último, los mercados emergentes probablemente vuelvan a estar en el centro de la conversación por el binomio dólar y carry trade. Un dólar menos dominante y una Fed con margen para recortar ofrecerán oxígeno a las divisas de mercados emergentes, mientras que los diferenciales reales de tipos seguirán siendo atractivos en varias geografías, especialmente en América Latina. Pero 2026 será un año desigual entre los países emergentes y el criterio de selección será más exigente. Los ganadores serán aquellos que combinen una inflación controlada, balances externos razonables y estabilidad política. Los perdedores, por el contrario, serán los más expuestos a shocks geopolíticos y a las tensiones comerciales.

En suma, 2026 apunta a un mercado de divisas menos dominado por un único relato y más por la interacción de varios: fricciones comerciales residuales, inversión en IA, giro de los bancos centrales, credibilidad institucional, deuda pública, reequilibrio europeo, la incógnita china y el diferencial de tipos en los países emergentes.


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